Eduardo MendozaCrónica de la conferencia de Eduardo Mendoza “Una vida con editores” del miércoles 5 de julio

Los primeros editores que conocí tenían algo de artesanos, bastante de pícaros, y mucho de románticos

“No hay lucha de clases entre editor y escritor”, afirmó Eduardo Mendoza, el flamante Premio Cervantes, durante la inauguración de la segunda edición del foro Edita Barcelona, que arrancaba oficialmente en el Saló de Cent del Ayuntamiento.

El autor de La ciudad de los prodigios ofreció un trayecto a través de su experiencia personal con el mundo del libro, y recordó que, pese a la masificación turística, “Barcelona es una ciudad intensamente literaria”. No hay que olvidar, nos decía el escritor, que  “Don Quijote visita una editorial en Barcelona, y ahí Cervantes habla directamente sobre la edición apócrifa de sus aventuras. Ya entonces existían problemas entre editores y escritores”, bromeaba.

“Mi padre me decía que leyera los libros malos para aprender lo que no hay que hacer”, dijo Eduardo Mendoza, siempre con un sutil sentido de la ironía, que el público asistente agradeció durante la conferencia.

También quiso el escritor derrumbar algunos mitos. “El editor no es un empresario que gana dinero a costa del trabajo del escritor”, añadiendo que “solo la labor de los editores ha hecho que las grandes obras de la literatura nos hayan llegado casi de una forma milagrosa”.

De nuevo, Mendoza acudía a la experiencia personal, y a la anécdota, para ilustrar cómo ha evolucionado el sector. Recordó lo difícil que era conseguir un libro prohibido durante el franquismo, y el placer de leerlo pese a todas las dificultades.

“Antes de ser escritor, conocí a editores que ahora son mitos. Tenían algo de artesanos, bastante de pícaros, y mucho de románticos”,  explicó Eduardo Mendoza, quien no quiso olvidarse de José Manuel Lara Hernández, quien en 1949 fundó Planeta, y sobre todo de su hijo, su amigo José Manuel Lara Bosch, fallecido en 2015. Dice el escritor que aún recuerda las palabras de éste poco antes de morir. No le habló de legados ni de patrimonios. Simplemente, haciendo balance, le reconoció que estaba contento de su vida porque había tratado personalmente a escritores que admiraba.

Eduardo MendozaEl autor de La verdad sobre el caso Savolta también quiso agradecer los años de amistad con su “querido, ilustre e incombustible” Pere Gimferrer, presente en el Saló de Cent, y que siempre ha sido su editor en Seix Barral.

Mendoza también apuntó algo que después se repetiría durante todo el foro, la distinción, tan extendida en el mundo anglosajón, entre el  editor y el publisher, entre con quien uno trabaja el manuscrito y quien hace de eso, finalmente, un libro.

“La piratería actúa con plena impunidad. El escritor está aislado, y el editor le protege”, según el escritor.

Pero el momento culminante de la conferencia llegó, como no podía ser de otra manera viniendo de Eduardo Mendoza, cuando el escritor hizo gala de su inclasificable sentido del humor. Explicó cómo, después de firmar ejemplares durante su primer Sant Jordi, fue a cenar cerca de las Ramblas. El ambiente era convulso, y un policía entró en el lugar y  disparó una bola de goma. Alguien de la editorial se interpuso entre la bala y Mendoza, ilustrando así cuál es en realidad la esencia de la relación entre un autor y su editor. Una relación de cuidado y de respeto mutuo. Más allá de los flashes y los focos.