TENGO 12 AÑOS Y HE DEJADO DE LEERMesa redonda “Tengo 12 años y he dejado de leer” con Iolanda Batallé, Sebas G. Mouret, Gemma Lienas y Care Santos

Dejad que los niños no lean. El libro llegará

La mesa redonda, dinamizada como el resto por el periodista cultural Toni Iturbe, debatió sobre cómo estimular a los más jóvenes para que perseveren en la afición de la lectura. Incluso cuando pasan de la infancia a la adolescencia, que es cuando la mayoría dejan de leer de forma habitual.

La editora de La Galera, Iolanda Batallé, hizo un ejercicio de memoria, y leyó un texto interpretándose a ella misma como si tuviera 12 años. Recuerda que sus padres siempre le repetían  “que es importante leer para conocer el mundo y ser libre”. Para ser libre, dice Batallé, “tienen que dejarte en paz con eso de ser libres”.

“Leeré cuando me dé la gana”, se repetía. Y cita el gran descubrimiento: Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. “Lo leí en una noche, a escondidas, y encontré refugio. Pasé de la niña no lee a la niña lee demasiado”, explica. “Han pasado muchos años y aún nadie me ha podido arrebatar la libertad de leer. Dejad que los niños no lean. El libro llegará”.

El joven Sebas G. Mouret, autor del canal de Youtube El coleccionista de mundos, en el que ha llegado a entrevistar a autores como Dan Brown, considera que hay dos etapas en el fomento de la literatura de los más jóvenes: la infancia (el primer contacto con la narrativa, que suele ocurrir sobre los cuatro años, donde descubren el poder de la imaginación) y la adolescencia (una etapa “crítica” que suele llegar a los 12 años, cuando “los libros dejan de tener ilustraciones”).

Reconoce que el fenómeno Harry Potter le ayudó, ya que no leyó “casi ningún libro durante la Secundaria”. Por eso, y basándose en su propia experiencia, propone tres pasos para animar a leer. En primer lugar, es importante “desacralizar el objeto”. El niño tiene que tener libros en la mano desde pequeño. En segundo lugar,  hay que “predicar con el ejemplo: si tú lees, el niño se va a dar cuenta de que le puede aportar algo”. Por último, considera que es fundamental “orientar sin imponer”. Según Sebas G. Mouret, es imprescindible acercar el libro al lector joven, escucharle. “Su opinión es importante”, nos dice. “Existe un elitismo extraordinario”, se lamenta.

La autora y editora Gemma Lienas, también diputada en el Parlament, explicó que “las neuronas espejo nos permiten ponernos en la piel del otro, también en la de los personajes. Vives más vidas cuando lees”. Además en esa edad (y en todas, en realidad) existe una proyección de futuro. “He viajado luego a muchos de los países sobre los que había leído de pequeña”: Además es estimulante leer porque perteneces “a una comunidad muy especial, y se puede ligar con la gente más interesante”, bromea.

Lienas considera que la lectura necesita de “atención, hábito y esfuerzo”, y uno de los retos es, precisamente, recuperar la capacidad de atención en una sociedad tan acelerada.

“Es terrible hacer un examen a los alumnos sobre el libro que le hemos obligado a leer. Tendríamos que llevar a Primaría y Secundaria varios libros y dejarles elegir, para entusiasmarlos. Cuando tengan un hábito lector, ya podremos obligarles a leer determinados clásicos”, propone.

Por su parte, la escritora Care Santos, autora de la serie infantil Inseparables para siempre, cree que “es normal que un adolescente deje de leer a los 12 años. Tienen un lío vital impresionante”. Pero no hay que desistir. “Hay que explicarles que el libro que no le dejará dormir existe. El papel de mediadores es muy importante. Los adultos a veces estorbamos en vez de ayudar. Nos ponemos terribles a la hora de recomendar”, afirmó.

Santos, madre de tres hijos, explicó en Edita Barcelona el experimento que realizó en casa para facilitar un hábito. Los domingos todos leían en la misma cama. Sólo existía una norma. Quien hablara durante la lectura, se le penalizaba con la expulsión durante unos minutos. Al final, todos compartían las historias. El juego, una vez más, es la mayor de las garantías.